Cuando la gente piensa en la moda, la mayoría se imagina alfombras rojas. Pero sus columnas echan nueva luz sobre la moda. ¿Puede darnos algunos ejemplos de su influencia en la política?
Tomemos, por ejemplo, a los manifestantes durante la era de los Derechos Civiles. Marchaban hacia una avalancha de perros rabiosos y mangueras contra incendios vestidos como si estuvieran yendo a misa. Se veían tan dignos. Y creo que su aspecto subrayaba su mensaje de humanidad y justicia.
Consideremos la manera en que los políticos--al menos, los hombres--siempre se sacan la chaqueta del traje y se suben las mangas toda vez que se dirigen a la clase obrera. El gesto de alguna manera quiere significar sinceridad y franqueza. Además, ¿qué son esas insignias en la solapa sino una declaración desde la moda sobre el patriotismo? Algunos pueden considerarlo sincero; otros pueden interpretarlo como una tontería. Pero no se puede negar que la moda -en este caso, un broche- se usa como una declaración política.
¿Qué nos puede decir sobre las visiones políticas de Hillary Clinton y Condoleezza Rice a partir de la manera en que se visten?
No sé si hay estilos particulares que indiquen liberalismo o conservadurismo. No creo que los de la izquierda se vistan de manera profundamente diferente a los de la derecha. Seguro, está el estereotipo de que las mujeres con tendencia hacia la izquierda son vegetarianas y usan sandalias Birkenstock y que las de derecha usan remilgados trajecitos sastre y perlas. Algo de eso hay, pero la mayoría de las mujeres están en el medio. Creo que lo más impactante de Clinton y Rice es que ambas están posiciones de poder históricas como mujeres y, en el caso de Rice, como afroamericana. Con cada barrera que se derriba, creo que llegamos a un entendimiento sobre cómo el poder puede verse y oírse.
He hablado sobre cómo se vistió Rice cuando fue a la base área del ejército en Wiesbaden: un abrigo largo negro y botas de taco alto negras. El conjunto tenía una sensualidad que nunca antes habíamos visto en ningún líder de ese rango. Creo que todavía nos sentimos incómodos ante mujeres de autoridad que se niegan a esconder su sexualidad detrás de un traje cuadrado y zapatos bajos.
Por ejemplo, me sorprendió la gran indignación que provocó una columna que escribí sobre el escote que lució Clinton en el Senado. Dejé en claro que no era algo indecoroso, sino solo lo suficiente para ser notado. Pensé que era un signo de seguridad, una fusión de género y poder. Algunos reaccionaron como si yo la hubiera abucheado. Como cultura, aún no estamos cómodos notando y reconociendo la feminidad en los ámbitos del poder. Las mujeres no tienen que vestirse en trajes azul marino y blusas con lazos. Todavía tenemos un largo camino que recorrer.
¿Cuán entrelazadas, entonces, están la política y la moda, la apariencia y la autoridad?
Creo que la de política y moda es una combinación natural. Los políticos están más preocupados por los mensajes que transmiten, la manera en que se acercan a su audiencia y el modo en que son percibidos que cualquier otro grupo de personas, salvo quizás los artistas.
La moda se usa en política como una manera de mostrar solidaridad y respeto. Cuando un político gentilmente acepta una camiseta con el logo de una escuela o se pone una gorra con el logo de un sindicato, es una manera de anunciar: "soy uno de ustedes". Cuando los jefes de estado visitan países extranjeros y usan la vestimenta tradicional de esa nación, es una manera de mostrar respeto y comprensión mutua. Nuestra ropa nos identifica como miembros de una tribu particular de la misma manera que lo hacen nuestro acento o nuestra jerga. Tendemos a confiar en la gente que habla como nosotros. También tendemos a sentirnos más cómodos con aquellos que se visten como nosotros.
¿Puede darnos ejemplos contemporáneos de modos de vestir de mujeres políticas y qué dicen esas elecciones sobre ellas?
Me encantó que Ellen Jonson-Sirleaf, durante la visita que hizo a los Estados Unidos en 2006, haya usado un atuendo tradicional africano con perlas. Para mí, combinó la autenticidad y el orgullo cultural con una floritura muy occidental. Fue una manera de tener un pie afirmado en las necesidades y las tradiciones de Liberia junto al reconocimiento de que, a veces, el apoyo de los de afuera reside en los detalles.
¿Se le ocurre alguna política cuyo estilo en materia de moda haya fallado y, proverbialmente, haya causado su caída?
No creo que la moda tenga el poder de hacer caer a una política, a menos que esté usando algo profundamente escandaloso o culturalmente ofensivo. La moda es más un detalle o un adorno que puede favorecer o distraer. La persona que viene inmediatamente a la cabeza es Katherine Harris, que era Secretaria de Estado en Florida durante el recuento de votos de la elección presidencial de 2000. Su excesivo maquillaje distraía la atención de su trabajo. Y, en mi opinión, incluso hacía que uno se preguntara sobre su capacidad para manejar el recuento con mesura y moderación. Cuando, más tarde, se postuló para el Congreso, redujo la cantidad de maquillaje; y ganó. Tiendo a pensar que la mayoría de las políticas solo aumentan su poder porque han encontrado, en la mayor parte, una manera de dominar la cuestión del estilo.
¿El aspecto --cabello, moda, arreglo personal, peso, ropa, accesorios--de una política se convirtió en la mejor manera de comprender sus verdaderas intenciones?
Nunca diría que la apariencia telegrafía intenciones. La moda es un lenguaje demasiado poco confiable. Una falda corta puede tener una multitud de significados dependiendo de quién la use. Pero eso es lo que la hace tan fascinante. La moda puede hacer que lo que una persona dice sea más o menos creíble.
Los políticos se han esforzado mucho para dominar el arte de vestirse para el público. Ya no se sienten cómodos vistiéndose de una manera que eclipse o intimide a la audiencia. Nadie quiere que lo atrapen usando un traje de cinco mil dólares. Nos hemos convertido en un país al que le gusta pensar que los políticos son "como nosotros". Los políticos trabajan mucho para encajar y parecer accesibles y reales. El truco es no permitir que nadie sepa lo mucho que trabajas para parecer tan natural. ¿Recuerdan al pobre Al Gore cuando era candidato presidencial? Los medios descubrieron que le habían aconsejado que usara tonos térreos y creo que algunos todavía se están riendo. Cuando la gente descubre que a un político "lo visten", a sus ojos, queda reducido a un infante.
¿La apariencia es más importante para las mujeres en el poder o para los hombres en el poder?
Las mujeres tienen una desventaja en la política porque no tienen un uniforme tras el cual se pueden esconder. No tienen trajes de negocios oscuros, camisa blanca y corbata roja. Pero eso también les permite destacarse. Tienen más libertad de acción, más opciones para vestirse informalmente, por ejemplo. Los hombres se ven increíblemente incómodos cuando no usan el traje.
Sí pienso que hay diferentes pautas. No creo necesariamente que sea injusto. Hombres y mujeres son diferentes y aportan características diferentes a su trabajo. Por eso necesitamos que ambos géneros tengan espacios igualitarios.
¿Cuál es el look ideal para una política?
Pienso que esencialmente queremos que nuestras líderes se vean perceptiblemente atractivas sin que alejen la atención de ellas mismas con su atuendo. Es un equilibrio difícil. Creo que Hillary Clinton lo hace a menudo. Pero no creo que se pueda decir que una chaqueta color geranio brillante es sutil. No queremos que nuestras políticas se vean masculinas; tampoco queremos que se vean demasiado "aniñadas".
Nombre una política, de los Estados Unidos o del exterior, cuyo aspecto y su mensaje político estén en sincronía.
Creo que Nancy Pelosi se ve especialmente chic, elegante y con autoridad. También creía que Benazir Bhutto equilibraba la sofisticación contemporánea con una tradicional modestia y seriedad.
Por último, cabello y accesorios: ¿qué tipo de cabello deberían tener las políticas para ser consideradas "elegibles"?
Yulia Tymoshenko, por ejemplo: creo que sus trenzas son un reflejo de su íntimo conocimiento de lo que atrae a su electorado. Sin embargo, no creo que funcionen en un escenario internacional. Tiendo a pensar que las políticas blancas en los Estados Unidos están seleccionando sus estilos de peinado sobre la base de lo que creen que es apropiado para la edad y no lo que es políticamente inteligente. En este país, existe la creencia de que las mujeres de cierta edad no deben usar el cabello largo; eso es demasiado juvenil. En los Estados Unidos, tendemos a equiparar los mechones largos con la juventud y la sensualidad. Esas no son necesariamente dos nociones que una mujer quiere evocar cuando, digamos, está en la carrera por el Senado.
También pienso que las mujeres negras tienen más complicaciones con el cabello. Algunas políticas negras en el nivel estatal o del congreso usan el cabello en trenzas, por ejemplo. Creo que ese estilo le habla a su electorado de una manera muy íntima. Pero, en el futuro cercano, ¿elegirían como presidente a alguien que usa dreadlocks? No lo creo. Ese estilo está demasiado asociado con la rebelión y la subversión. Los votantes tienden a querer un candidato cuya apariencia les dé seguridad, no uno cuyo estilo los agite.