08/09/2008 10:35:54
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VOTO
¿Por qué votar?
Voz de la comunidad destacada: Susan Griffin
Como poeta, ensayista, dramaturga y guionista, la prolífica obra de Susan Griffin sobre las mujeres y la sociedad se ganó su lugar en el Salón de la Fama del feminismo y entre los finalistas por un premio Pulitzer. Emplea un innovador estilo para hablar de temas reales que afectan a las mujeres, como la destrucción del medio ambiente, el racismo, la guerra y la democracia. Y comparte aquí sus palabras sobre las mujeres y la votación inspiradas por su nuevo libro, Wrestling with the Angel of Democracy: On Being an American Citizen.
Muchas de nosotras les preguntábamos a amigas y amigas de las amigas el nombre de alguien, en algún lugar, que hiciera el procedimiento, clandestinamente. Todas conocíamos los riesgos. Como quienes practicaban abortos no siempre eran médicos o médicas, y las condiciones solían no ser higiénicas ni antisépticas, muchas mujeres morían por infecciones o hemorragia. Aunque tuve la suerte de encontrar un pediatra que realizó la cirugía en su consultorio, no usó anestesia y, si bien recetaba antibióticos, no podía correr el riesgo de volver a ver a sus pacientes. Terminé con una infección que tuvo consecuencias en mi salud que duraron hasta mucho después.
Los candidatos que elegimos este otoño afectarán nuestras vidas de manera drástica. ¿Tendremos aún el derecho a elegir un aborto y a usar métodos de contracepción? ¿Ganaremos salarios igualitarios o enfrentaremos discriminación al presentarnos para un trabajo, o en la admisión en la universidad, en la facultad de derecho o de medicina? Tanto, incluyendo el derecho a la licencia a la maternidad, si habrá o no financiamiento para la investigación del cáncer de mama o si tenemos acceso a un sistema de salud decente, depende de nuestros votos.
Aun la política exterior afecta nuestras vidas privadas. Las guerras arrastran a nuestros hijos e hijas al campo de batalla y drena los recursos de las escuelas a las que van los más pequemos o de los fondos designados a la reparación de los puentes, por ejemplo, que nuestras familias cruzan diariamente. Y también está esto. A través de sus acciones, nuestro gobierno da forma al clima moral internacional. Si causamos daño, aun sin intención, a civiles desarmados, incluyendo a mujeres y niños, esto nos hará más vulnerables a convertirnos en blancos.
Cuanto tengo la urgencia de retirarme del corrupto y asfixiante mundo de la política para entrar en un reino privado más dulce y cuerdo, recuerdo esto: mi propia vida y la vida de todos mis seres amados dependen de lo que yo haga como ciudadana.
Cuando se escribió la Constitución de los Estados Unidos, las mujeres, las personas de color y las personas trabajadoras fueron excluidas del derecho al voto. Tuvimos que luchar durante muchos años para poder votar. Las mujeres finalmente ganaron este derecho en 1920, pero la batalla no terminó aún. Hoy enfrentamos otra formidable barrera para votar: nuestros propios cinismo y desesperación.
Los mismos argumentos se repiten año tras año. Algunos declaran que no quieren elegir el menor de dos males. Otros dicen que, una vez electos, los candidatos no cumplen con las promesas de campaña. Estos argumentos implican que, en un sistema perfecto, cada uno podría votar y elegir un candidato que representara todas nuestras opiniones perfectamente. Sin embargo, hay incontables puntos de vista en nuestra nación. Como la democracia es un proceso colaborativo, nunca será perfecta; debemos comprometernos todos.
Este deseo por el candidato perfecto suele estar acompañado por la suposición no declarada de que la única responsabilidad que tiene un ciudadano es votar y luego sentarse a esperar que los gobernantes hagan todo. Sin embargo, aunque en un sentido sería lindo si todo lo que tuviéramos que hacer para resolver los problemas del mundo fuera apretar un botón mágico en el recinto electoral, si entregáramos todo el poder para generar cambio social a un nuevo grupo de gobernantes cada cierto número de años, simplemente tendríamos una forma serial de monarquía con todos los peligros de la tiranía, incluyendo abusos a los derechos humanos.
La democracia no es una forma de gobierno pasiva. Quienes están sujetos a la tiranía deben ceder tanto el poder como la responsabilidad a los gobernantes y esperar lo mejor. Pero la democracia requiere acción. A pesar de lo orgullosos que estamos de nuestra democracia, los estadounidenses parecemos olvidar que somos nosotros quienes en verdad gobernamos aquí. La libertad de expresión y el derecho de peticionar a nuestro gobierno sirven a la expresión personal, pero fueron escritos en la Declaración de Derechos principalmente para que, como ciudadanos, podamos participar en la democracia cambiando nuestra conciencia y configurando las políticas.
Cuando los candidatos no cumplen sus promesas, nosotros el pueblo tenemos que hacerlos responsables, una tarea mucho más fácil si has votado y, aun mejor, si participaste activamente en una campaña. Pero lo que también es cierto es que los movimientos sociales están muy lejos de los líderes políticos. El movimiento a favor de la elección es un buen ejemplo. En 1968, poco después de haber dado a luz a mi hija, cuando desperté al trauma que había sufrido años antes, escribí sobre la experiencia del aborto ilegal. Al levantarse una segunda ola de feminismo, junto con muchas mujeres de mi edad que habían tenido experiencias similares, me uní a un pequeño grupo de trabajadoras sociales y médicas que trataban de lidiar con los terribles costos humanos del aborto ilegal. Mientras las filas de este movimiento crecían y más mujeres describían las terribles experiencias que habían mantenido en secreto, realizamos manifestaciones masivas. Fue en esta atmósfera que, cinco años después, la Suprema Corte declaró legal el aborto.
La democracia es empoderamiento. Aunque el autogobierno requiere compromiso, si perdemos algo en el regateo también hacemos un buen negocio. Al estar más informados sobre las circunstancias que compartimos y al aprender sobre las injusticias que otros pueden sufrir, lo que nos divide tiene el potencial de acercarnos y, al mismo tiempo, de darnos autoconocimiento, lo que provee un contexto más amplio y una comprensión mucho más dimensional de nuestras vidas. Al acercarnos a los demás, sea en unidad o en desacuerdo, recordamos y rearmamos nuestras más profundas identidades.
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