Plantando semillas en Afganistán

Plantando semillas en Afganistán

GPFA construye una nueva generación de empresarias agrícolas

 

Vivir en una nación asolada por la guerra como Afganistán significa que las oportunidades educativas y económicas son extremadamente limitadas para hombres y mujeres por igual. Aunque la agricultura es la industria más importante del país, mucha de la tierra permanece sin cultivar a causa de conflictos civiles y sequía. La organización Global Partnership for Afghanistan ayuda a las mujeres a lograr seguridad financiera para ellas y su familia enseñándoles a replantar su tierra y revitalizar sus negocios agrícolas. Suzanne Thompson del directorio de GPFA habla de su trabajo.

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Con la ayuda del equipo de GPFA, las empresarias agrícolas aprenden la técnica del injerto y adquieren otras habilidades que las ayudarán a crear negocios sostenibles. Ver más grande >
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Fatima (izquierda), gerenta del programa para mujeres de GPFA, lidera un equipo de 30 mujeres. Trabajando con extensionistas y granjeras del pueblo, enseña a mujeres a cultivar árboles y vegetales para que generen ingresos y alimentos para su familia aquí en Panjshir y en otras provincias en las que opera GPFA.

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En la provincial de Paktya, los hijos de Hamida se reúnen en su recientemente revitalizado huerto de manzanas. Hamida transformó sus árboles de manzana en una importante fuente de ingresos con la ayuda del equipo de GPFA, con lo que se aseguró un mejor sustento para su familia para los años venideros.

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La extensionista de GPFA Sakina (derecha) y la extensionista del pueblo mostraron personas como Hamida de Paktya cómo podían revitalizar huertos improductivos a través de la poda y otras técnicas.

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Después de décadas de guerra y control talibán, las mujeres de Afganistán están tratando de superar un legado de represión y escasas oportunidades educativas y económicas. Aunque ellas conforman el 60 por ciento de la población de Afganistán y una gran parte de la fuerza laboral agrícola, su participación se ve exiguamente recompensada. Muchas perdieron a su marido, a sus hermanos, a sus hijos o a su padre en el conflicto y luchan solas para mantener a su familia.

En 2005, solo un año después de haber desarrollado nuestras primeras empresas de prueba -un huerto y un vivero-en Afganistán, la Global Partnership for Afghanistan (GPFA) lanzó una iniciativa para ayudar a las granjeras a construir un mejor futuro para ellas y su familia. Con la ayuda de los shuras (concejos) de los pueblos, GPFA identificó a viudas y otras mujeres jefas de familia que carecían de suministros, capacitación, herramientas y fondos para replantar su tierra. Desde entonces, GPFA ayudó a establecer o revitalizar huertos, viveros, empresas de silvicultura y otros negocios agrícolas dirigidos por mujeres. Más de 30 facilitadoras y extensionistas agrarias están trabajando en nueve provincias. En total, cerca de 35.000 mujeres y niñas afganas se están beneficiando con los programas de GPFA.

Hamida: Empresaria de la provincia de Paktya, Hamida se unió al programa de revitalización de huertos de GPFA en 2008. Ocultando su rostro curtido con su chador verde brillante (se niega a ser fotografiada), explica que plantó su huerto hace 16 años con seis variedades locales de manzanas. La producción se había reducido a unas pocas manzanas enfermas cuando Sakina, una extensionista de GPFA, la ayudó a hacer una poda radical de sus 200 árboles y a fertilizarlos. Ese otoño, vendió 3.500 kilos de manzanas por $4.000; un marcado contraste con los $600 de ingresos anuales de su marido taxista de 55 años, Abdul Shakoor.

Pero Abdul rebosa de orgullo cuando Hamida dice que espera aun más producción este año, con la capacitación de gestión hortícola de Sakina. Él sonrió cuando Hamida tomó su suave mano para compararla con sus callosas palmas. Su ingreso es el principal sostén de las 16 personas que conforman su hogar.

Ahora Hamida tiene una visión. Vio las instalaciones de almacenamiento en frío que GPFA ayudó a otra mujer de Paktya a construir junto con sus vecinos. Con la ayuda de GPFA, Hamida y 15 de sus vecinos están formando una asociación a través de la cual esperan construir un depósito de almacenamiento en frío. "Ahora vendemos en el momento de la cosecha cuando viene el tekadar (comerciante) y los precios están bajos. Pero si pudiéramos guardar nuestra fruta, podría casi duplicar mis ingresos".

Afganistán, según explican Sakina y otros miembros del equipo, está a la puerta de un gran cambio, pero el progreso tiene sus desafíos. Las asociaciones de productores deben estar registradas en el Ministerio de Justicia en Kabul, y las mujeres como Hamida no pueden viajar libremente a la capital debido a restricciones culturales. "Las mujeres y los hombres de Paktya son fuertes", dice Sakina. "Estuvieron en el frente de batalla de la resistencia de Afganistán ante los rusos". Con tiempo y recursos, GPFA y Hamida encontrarán una forma de superar juntos esas barreras.

Mujer a mujer: Con un efecto multiplicador de pueblo a pueblo y de mujer a mujer, GPFA está ayudando a las mujeres a convertir ellas mismas su trabajo en su sustento.

Fatima Sardar lidera el programa de GPFA que ayuda a mujeres como Hamida. Fatima necesita solo evocar su propia experiencia al visualizar el potencial de las afganas en la fuerza laboral. Obligada a huir a Pakistán, cuando en Afganistán estalló la guerra civil en la década de 1990, no pudo completar su educación universitaria. Cuando volvió a su Paktya natal luego de la caída de los talibanes, Fatima se comprometió a asegurar que otras mujeres afganas pudieran continuar su educación sin obstáculos. Después de varios años trabajando para ONG internacionales, Fatima se unió al equipo de GPFA en 2007. "Fatima hace mucho que es una fuerte defensora de las mujeres en Afganistán", dice Roger Hardister, director ejecutivo de GPFA. "Ya sea trabajando con funcionarios del gobierno, con otras ONG, con mujeres del pueblo o con nuestro propio personal, inspira respeto en todo aquel que la conoce. Entiende sus necesidades".


Con la ayuda de GPFA, Fatima está continuando su educación, y también a través de una beca que le permitió unirse a otros miembros del equipo técnico de GPFA para realizar un recorrido educativo por centros hortícolas en Turquía. "Vimos de primera mano cómo funciona un negocio hortícola moderno", dice Fatima. "Estamos usando nuestras nuevas habilidades para ayudar a las mujeres de Afganistán a mejorar los ingresos de sus granjas". Fatima está brindando instrucción continua en horticultura y administración de pequeñas empresas a mujeres como Sausan en la provincia de Kabul. Como Fatima, Sausan fue obligada a dejar la escuela por los talibanes. Pero hoy, como facilitadora de GPFA, gana $165 por mes ayudando a capacitar y monitorear a las granjeras de su comunidad. Desde que son parte de la iniciativa "Mujeres que trabajan juntas" de GPFA, estas mujeres rurales vieron aumentar sus ingresos y su provisión de alimentos en cerca del 60 por ciento. "Mujeres como Fatima y Sausan son la linfa de los programas dedicados a las mujeres de GPFA", dice Hardister, el director ejecutivo de GPFA. "Están garantizando un legado duradero de nuestro trabajo".


El trabajo de Global Partnership for Afghanistan, centrado en mejorar los medios de vida de hombres y mujeres en el Afganistán rural, es un modelo de desarrollo económico en condiciones adversas. Casi dos tercios de las familias afganas viven cerca o debajo de la línea de pobreza; su vida y su tierra fueron devastadas por tres décadas de guerra.


GPFA ayuda a las mujeres afganas a crear negocios que giran alrededor de los árboles, desde plantíos de álamo hasta huertos por alrededor de $1.500-$2.500 cada una. Estas pequeñas empresas producen dividendos para años venideros. Hace falta $1.000 para revitalizar un huerto como el de Hamida, mientras que inversiones menores pueden ayudar a una mujer a plantar un lote agroforestal o una huerta de vegetales. Una inversión de $7.000 para un depósito subterráneo permitirá a diez familias preservar sus cosechas de frutas y hortalizas hasta el período de venta óptimo, lo que les ayudará a obtener una fracción más justa del valor de mercado de sus cultivos.


El creciente alcance de GPFA se extiende a brindar capacitación técnica y comercial, fortalecer los programas universitarios en agricultura, mejorar la administración del agua, revitalizar bosques y más.


Las empresas propiedad de granjeros -lotes forestales, viveros, huertos y viñedos- son el pilar que usamos para crear alianzas con comunidades locales y ayudar a los afganos a crear ingresos sostenibles para su familia. Los negocios de granjeros de GPFA, que siguen aumentando, ahora benefician a más de setenta mil individuos; el consiguiente mayor ingreso también promueve el orgullo personal y la estabilidad de la comunidad.


Para saber más sobre Global Partnership for Afghanistan, visite www.gpfa.org.

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