Sandra Hines, una mujer negra de 55 años y voz profunda e imponente, recuerda el día del año pasado en el que sus vecinos la llamaron para avisar que la policía había llegado a la casa de su familia en Detroit. "Nuestra ejecución fue muy brutal", dice Hines, que había ido a vivir a esa casa con sus padres y sus dos hermanas menores a los 18 años. "Rompieron los muebles antiguos de mi madre, las pertenencias que habíamos acumulado durante 40 años". El comisario cerró la puerta con candado, y la familia Hines quedó desalojada. "Perdimos la casa que compraron nuestros padres", dice. "Ahora perdimos todo".
Cuando la hermana del medio de Hines perdió su trabajo en General Motors el año pasado, "la familia entró en una época difícil y refinanciamos la casa", dice. "Pero sacamos una de esas ARM [hipotecas a tasa ajustable] y el pago casi se duplicó. Mi hermana no podía mantenerlo". Recibieron una notificación que informaban que la ejecución era inminente. Luego del desalojo, las dos hermanas de Hines y su sobrina adolescente se mudaron a un lugar alquilado. Pero poco después, el dueño tampoco pudo pagar su hipoteca, y el lugar también fue ejecutado. "Estamos enfrentando una doble ejecución", dice.
Historias como esta se volvieron muy comunes durante esta brutal recesión económica. Pero lo que es menos obvio es que la crisis amenaza tener consecuencias duraderas y multigeneracionales, y que afecta gravemente la habilidad de los pobres y otros grupos marginalizados de ganar dinero y generar ahorros. La crisis económica revirtió un gran logro en la propiedad de vivienda que habían tenido las comunidades de color y las mujeres en la última década. Estos grupos en particular sufrieron pérdidas devastadoras en la propiedad de la vivienda; la principal fuente de riqueza para ambos.
Para muchas familias, ser dueñas de una casa es la base de la igualdad y la riqueza para legar a las futuras generaciones. Al desplazar a las familias y desestabilizar los vecindarios, las ejecuciones hipotecarias quiebran esta base. Perder una casa también significa un desarraigo traumático. Solo en marzo de 2009, más de 340.000 hogares entraron en ejecución, un 46% de aumento desde marzo de 2008 (1).
Las múltiples ejecuciones tienen un profundo impacto en los vecindarios y las comunidades. Las pérdidas de hogares no solo dieron como resultado más vacantes, sino que tuvieron también otros impactos negativos como el aumento del crimen, negocios que dejan la comunidad, impuestos inmobiliarios impagos y descenso en el valor de las casas del vecindario (2).
Pero la consecuencia más nociva y duradera de las ejecuciones es que las familias son despojadas de la riqueza que habían acumulado con esmero y trabajo. De hecho, poseer una vivienda es el vehículo central para la generación de riqueza de casi todas las familias en los Estados Unidos. "Perdimos nuestros cimientos como familia", dice Hines. "Quiero saber qué pasó con el sueño americano. Es una pesadilla americana, y son dos o tres pesadillas si eres afroamericano".
Para aquellos que tenían su casa desde hacía mucho, la ejecución implica una pérdida de estabilidad porque, para muchas familias, la casa era su único bien. Si bien muchos de los créditos de alto riesgo se están vendiendo a los nuevos compradores, en 2006, el 56% iba al refinanciamiento de préstamos (3). Se los vendían a familias como los Hines, que ya tenían patrimonio en su casa. Amaad Rivera, de United for a Fair Economy, una organización de defensoría de Boston, estima que la pérdida de riqueza en las comunidades de color proveniente de las recientes ejecuciones hipotecarias será más grande que antes de la Reconstrucción (4). En efecto, la crisis de ejecuciones hipotecarias llevó los índices de propiedad de vivienda entre negros y latinos de vuelta al nivel que tenían antes de la explosión inmobiliaria de la década pasada, cuando ya estaban bastante atrás en comparación con los blancos.
Las mujeres ya tenían menos activos que los hombres, y las familias de color ya tenían muchos menos activos que las familias blancas, midiéndolos por el valor comparativo de autos y casas o de las cuentas de retiro. "Incluso las viudas, que son las mejor posicionadas entre todas las mujeres no casadas, poseen solo $0,59 de cada dólar de riqueza poseído por los viudos", escribe la geógrafa Karuna Jagger, de la Women's Health Initiative for Self-Employment. Citando datos de 2006-2008, Jagger identifica que las mujeres que nunca se casaron tienen niveles de riqueza sorprendentemente bajos, "menos de un cuarto de la riqueza poseída por los hombres que nunca se casaron. El patrimonio neto medio de las mujeres que nunca se casaron es de solo $2.500, comparado con los $148.700 de patrimonio neto medio de los individuos casados" (5).
Según el economista Ed Woolf, en 2004, por cada dólar en riqueza media que poseían las familias blancas, las negras tenían diez centavos y las latinas, cinco centavos (ver la figura 1). Las disparidades son aun más flagrantes cuando las familias pierden su casa. Restando el valor de la vivienda de la ecuación, las familias negras tienen un centavo y las latinas incluso menos de un centavo por cada dólar de riqueza no proveniente de la vivienda que tienen las blancas (ver la figura 1). Incluso durante la explosión inmobiliaria, la brecha racial de la riqueza se estaba ampliando (ver la figura 2). Ahora, como las ejecuciones hipotecarias golpean más a la gente de color, ciertamente va a crecer.
Para los hogares de color que aspiran a la propiedad, el impacto resonará mucho más allá que la crisis inmediata. Wilhelmina Leigh del Joint Center for Political and Economic Studies observa que esto probablemente implique no solo un período de menor riqueza, sino "un período quizás de menos creatividad [para las familias negras]... Para la gente que recién está empezando, una casa es un signo visible del progreso... Son esos signos y esas declaraciones visibles los que pueden marcar la diferencia para un grupo de gente que históricamente no tuvo oportunidades de progresar".
Las ejecuciones hipotecarias drenan las comunidades no solo de capital, sino también de confianza en uno mismo, según Leigh. "Aquí hay gente que trataba de salir adelante, y recibieron un golpe bajo". Según un sondeo realizado por el Joint Center for Political and Economic Studies, los afroamericanos -entre las mujeres, un 58%; entre los hombres, un 53%- informaron índices de propiedad relativamente iguales a fines de 2005, pero las mujeres (69%) tenían más probabilidades que los hombres (52%) de ser propietarias por primera vez (6).
El efecto a largo plazo es paralizante, ya que muchas mujeres (y las familias de color en particular) tendrán menos que dejarles a sus hijos, y por lo tanto tendrán menos estabilidad y menos oportunidades para salir adelante. Muchas familias que hubieran usado el patrimonio inmobiliario para pagar la jubilación o la universidad, por ejemplo, ya no tendrán esa opción. De acuerdo con Philip Day, presidente de la National Association of Student Financial Aid Administrators, "Con tanta gente contra la pared por el descenso del valor de las viviendas, la cuestión de usar la casa como garantía para sacar un préstamo para pagar la educación se volvió algo casi impracticable" (7).
En conjunto, la actual crisis económica promete tener consecuencias negativas duraderas para el valor de la riqueza en los Estados Unidos, a menos que se diseñen y adopten políticas que reviertan las tendencias. Mujeres como Sandra Hines están diciendo lo que piensan, se organizan y dan pelea a través de grupos como la coalición Moratorium Now! en Detroit. Pero para que la actual y las próximas generaciones de mujeres y gente de color tengan una esperanza colectiva de riqueza, debemos exigir un fin a las ejecuciones, mayor acceso a condiciones de crédito justas y un cierre a la persistente brecha salarial.
REFERENCIAS:
1. National Community Reinvestment Coalition, "Massive Foreclosures Continue to Fuel Recession (Central Cause of Credit Market and Economic Woes Gains Momentum)," April 16, 2009.
2. Christy Rogers, "Subprime Loans, Foreclosure, and the Credit Crisis (What Happened and Why? - A Primer)," The Kirwan Institute, December, 2008.
3. Ibid.
4. Amaad Rivera et al., "Foreclosed: State of the Dream 2008" (Boston: United For a Fair Economy January 15, 2008). See also R. Kochlar et al., "Through Boom and Bust: Minorities, Immigrants and Homeownership," Pew Hispanic Center, May, 12, 2009.
5. Jaggar, Karuna. "The Race and Gender Wealth Gap." The Race, Poverty Environment: a Journal for Social and Environmental Justice (Fall 2008): n. pag. LexisNexis Academic. Web. 5 Oct. 2009.
6. Leigh, Wilhelmina, and Danielle Huff, eds. Social Security and Wealth: Fact Sheet About African American Women. N. pag. Insight Center for Community Economic Development. The Joint Center for Political and Economic Studies, 2006. Web. 5 Oct. 2009.
7. Bob Tedeschi, "
College Tuition Not on the House,"
New York Times, April 3, 2009.
Entérese de más en www.arc.org/recession.
Translations by 101translations.com
Comentarios (1)