Masum Momaya

Más que microfinanzas

Las mujeres deben estar incluidas en la visión económica global

 

En economía, se suelen usar términos como "micro" o "macro". Actualmente, "micro" se asocia por lo general con microcrédito o microfinanzas, dos términos que se convirtieron en sinónimos de la popular práctica de otorgar pequeños préstamos a las personas -muy a menudo, mujeres- para que empiecen pequeñas empresas y ganen dinero para ellas y su familia. "Macro" a veces alude a grandes sumas de dinero, pero también puede significar la reforma estructural a alto nivel de instituciones que tienen profundo impacto en la economía, como los bancos y los gobiernos. Una mirada a los éxitos y las falencias que las microfinanzas tienen en ayudar a las mujeres y su familia a salir de pobres muestra que se necesitan reformas estructurales a nivel macro -y no simplemente más microfinanzas- para contribuir a superar la pobreza.

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¿Una panacea para la pobreza?

¿El sistema de microfinanzas en verdad palia la pobreza? Por un lado, da a las personas marginalizadas una oportunidad de ganar dinero y participar financieramente en la sociedad. Ofrece empleo estable y ayuda a los individuos a establecer las historias crediticias verificables que se necesitan como aval para cuentas de ahorro, créditos y préstamos. El sistema puede tener éxito en generar ingresos para familias y comunidades enteras, y a veces ayuda a las industrias locales e indígenas a florecer en lugares donde hay poco desarrollo económico.

Por otro lado, hay un número de desafíos y repercusiones negativas del microcrédito, algunos imprevistos. A causa de la extrema pobreza, muchas personas sacan créditos para gastos del hogar en lugar de para sus negocios (1). En algunos casos, las mujeres incluso sacan préstamos para pagar las dotes de sus hijas: los precios de la dote pueden subir cuando se sabe que las mujeres tienen acceso a microcréditos (2).

Es más, algunas instituciones de microfinanzas cobran tasas de interés exorbitantemente altas, lo que deja a muchos prestatarios atrapados en círculos de deuda. Cuando las mujeres no tienen suficientes ingresos para hacer los pagos, pueden pedir dentro de su red social, vender algunos artículos de su hogar, reducir el consumo de comida y buscar un trabajo adicional (3). Estas conductas son insostenibles y muestran que el acceso al crédito no garantiza el fin de la pobreza.

La inclusión financiera no se traduce necesariamente en independencia económica o empoderamiento, especialmente cuando la carga de la paliación de la pobreza sigue recayendo sobre las mismas mujeres pobres, que se ven además perjudicadas por prácticas culturales discriminatorias.

Entonces, ¿qué se puede hacer?

Microfinanzas: Ganancias mixtas para las mujeres y su familia

En su forma actual, el microcrédito empezó en la década de 1970, con el Grameen Bank en Bangladesh. El Grameen Bank fue pionero en la práctica de otorgar pequeños préstamos a grupos de personas -en su mayoría, mujeres- que tenían pocos bienes, pero estaban dispuestas a garantizarse sus préstamos mutuamente. Trabajando con grupos y manteniendo pequeños los montos de los préstamos, los bancos pueden minimizar su riesgo y prestar a una población que, de otra manera, no calificaría para estos servicios. Las mujeres después usaban el dinero del préstamo para crear sus propios pequeños negocios.

Desde entonces, las prácticas y las definiciones evolucionaron. Lo que antes se llamaba "microcrédito", que se refiere solo a otorgar préstamos, ahora se llama "microfinanzas", que describe una gama de servicios financieros -incluyendo cuentas de ahorros y pólizas de seguro- además de préstamos y otros servicios de apoyo. Estos últimos pueden incluir alfabetización, educación financiera, capacitación laboral, educación sobre nutrición y servicios de salud. Este es el tipo de modelo que usan Pro Mujer (presentado en la galería de imágenes) y el Grameen Bank y sus filiales alrededor del mundo.

Tales cambios reflejan el reconocimiento de que las personas necesitan educación y apoyo, no solo dinero, para poder iniciar, sostener y hacer crecer un negocio, así como para tomar decisiones sólidas para ellas y su familia. Estos modelos "combinados" benefician a las mujeres de muchas maneras.

Microfinanzas: ¿Por qué las mujeres?

La investigación muestra que las mujeres tienen un índice mayor de pago de préstamos que los hombres y que, mientras los hombres suelen gastar el dinero en sí mismos, es más probable que las mujeres lo usen para mejorar sus negocios (4). Tienden además a gastar sus ingresos en salud, educación, su familia y sus hijos, todos gastos prioritarios que contribuyen a paliar la pobreza (5). Como resultado, las mujeres se convirtieron en los principales blancos de las instituciones de microfinanzas (IMF).

Sin embargo, esta atención probó ser una bendición mixta. Prestamistas inescrupulosos pueden explotar la "fiabilidad" de las mujeres cobrándoles muy altas tasas de interés y animándolas a sacar préstamos más grandes de lo que necesitan para financiar su negocio.

Además, a causa de su mejor acceso al crédito, algunas mujeres deben ganarse la vida y, al mismo tiempo, asumir las tareas tradicionales de atención y cuidados, pero permaneciendo excluidas de las decisiones domésticas importantes. Si no está acompañado por cambios en las actitudes y las creencias sociales, el acceso a oportunidades económicas no garantiza que la situación de las mujeres mejore.

Las soluciones macro también son necesarias

El especialista en ciencias políticas Matthew Ruben señala que "la popularidad de las microfinanzas tiene el potencial de distraer de otras medidas antipobreza vitales. Es fácil para los donadores y gobiernos crear y financiar programas de créditos e ignorar otros problemas potencialmente más serios que enfrenta la gente rural pobre. Las microfinanzas en sí mismas no resuelven la necesidad de servicios médicos, infraestructura, educación y reforma agraria" (6). Estas son necesidades que no puede esperarse que las mujeres y familias pobres satisfagan solas; en cambio, requieren recursos de gobiernos, el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil.

En muchos países, sin embargo, los gobiernos, bancos y el sector privado no son capaces de hacerse cargo, son altamente corruptos u ofrecen "soluciones" que solo sirven para afianzar la pobreza en lugar de desmantelarla. Por ejemplo, la privatización de programas de bienestar social en muchos países implica que se suele esperar que las IMF brinden los servicios necesarios para los pobres, servicios que antes eran responsabilidad de los gobiernos. Esto no es problemático en sí mismo, pero hay poco incentivo para que los grupos privados actúen de esa manera, y los servicios privatizados pueden poner la ganancia por encima del acceso y la asequibilidad.

Aun en casos en los que los gobiernos están listos para actuar y, por ejemplo, construir y mantener escuelas, calles, servicios públicos, programas de capacitación laboral, hospitales, etc., su propia vulnerabilidad financiera suele comprometer su habilidad de hacer inversiones significativas y a largo plazo. Los países más pobres suelen pedirles dinero para mejoras estructurales a intereses muy altos y bajo condiciones muy restrictivas a otros gobiernos, así como también a instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Esto aumenta el endeudamiento de los gobiernos y en última instancia perjudica sus esfuerzos, dado que muchos de los recursos van a la negociación y los pagos de la deuda en lugar de a la construcción de infraestructura o la provisión de servicios. Es más, debido a la corrupción endémica en muchos gobiernos, buena parte del dinero es desviado muchos antes de que llegue a las manos de aquellos que más lo necesitan.

Los préstamos también vienen con muchas restricciones sobre quién obtiene el dinero y para qué, lo que suele dejar afuera a las mujeres. Los activistas comunitarios, incluyendo las mujeres, quedan rutinariamente excluidos de las discusiones de alto nivel entre ministros de finanzas y agentes de créditos; los planes de uso del dinero se hacen de arriba hacia abajo, y son poco realistas e ineficaces. Incluso las iniciativas que empiezan con las mejores intenciones naufragan, y los recursos entonces se pierden.

Muchos expertos también temen que nos estemos volviendo demasiado dependientes del sistema de microfinanzas como el principal vehículo para la paliación de la pobreza global. Especialistas como Heloise Weber de la Universidad de Aberdeen, por ejemplo, sostienen que el dominio de las microfinanzas como estrategia podría allanar el camino para que los bancos asuman roles del gobierno, y obtengan enormes ganancias en el proceso. Esto tiene grandes implicancias para el acceso futuro a las microfinanzas y la asequibilidad de los pagos.

Involucrar a las mujeres en la definición de soluciones

Estas preocupaciones señalan la necesidad de diálogo entre aquellos que determinan las políticas económicas, aquellos que brindan dinero y aquellos a los que esas políticas y ese dinero quieren beneficiar. Estas conversaciones tienen que incluir los impactos positivos y negativos -y también los límites- del microcrédito, y tienen que abordar reformas a nivel macroestructural. Responsabilidad por la asistencia, reforma de las prácticas internacionales de préstamos, marcos regulatorios y legales e inversiones sociales profundas, generalizadas y adaptadas al contexto en salud, educación, infraestructura y empleo; todo esto tiene que ser considerado.

Refiriéndose exclusivamente a las microfinanzas para aliviar la pobreza y mejorar las crisis económicas es insuficiente, ineficaz e injusto debido a la potencial carga que impone a los pobres - incluidas las mujeres. Las mujeres no crean sus propias condiciones de pobreza y no debe ser responsable de cambiar su vida por su propia cuenta. En cambio, las microfinanzas deben estar vinculados con la reforma estructural a nivel macro para que las mujeres y las familias pobres puedan cosechar los beneficios de la inclusión financiera y disfrutar de la verdadera emancipación que viene con la libertad de la pobreza y el acceso a derechos básicos.

 


REFERENCIAS:

1. Gina Neff, “Microcredit, Microresults,” The Left Business Observer, Vol. 74 (October 1996).

2. Jason Cons and Kasia Paprocki, “The Limits of Microcredit--A Bangladeshi Case," Food First Backgrounder, Institute for Food and Development Policy, Vol. 14(4) (Winter 2008).

3. John A. Brett, “‘We Sacrifice and Eat Less’: The Structural Complexities of Microfinance Participation.” Human Organization, Vol. 65 (2006): 8-19.

4. Diane Elson, Male Bias in the Development Process (Manchester, UK: Manchester University Press, 1995).

5. Matthew Ruben, “The Promise of Microfinance for Poverty Relief in the Developing World,” http://www.csa.com/discoveryguides/microfinance/review2.php?SID=6jpif59stklisce4hvi1pvnpi7#tar

(August 5, 2009).

6. Ruben, Matthew. “The Promise of Microfinance for Poverty Relief in the Developing World,” http://www.csa.com/discoveryguides/microfinance/review2.php?SID=6jpif59stklisce4hvi1pvnpi7#tar

(August 5, 2009)

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