Women for Women International
Iniciativa de granja comercial orgánica de Women for Women International en Rumbek, Sudan. Las participantes del programa reciben entrenamiento y recursos críticos y asisten a una capacitación sobre derechos de las mujeres.
Ver más grande >
Women for Women International
Las microfinanzas revolucionaron tanto el desarrollo como la mentalidad global sobre el potencial económico de las mujeres. Pusieron una oportunidad económica tangible en manos de mujeres pobres -una enorme proporción de la población mundial- e iniciaron una nueva era de pensamiento sobre por qué invertir en las mujeres puede ofrecer bajos riesgos y altos retornos. Debe aplaudirse al movimiento de las microfinanzas y a su líder, el ganador del premio Nobel Muhammad Yunus, por causar un impacto global en la reducción de la pobreza y el avance de las mujeres.
Pero la revolución todavía no está completa. Es hora de ir más allá de las microfinanzas y crear oportunidades económicas más grandes y amplias para las mujeres, para ubicarlas como actores centrales y fundamentales en la "macroeconomía". Solo entonces habremos dado un círculo completo en nuestra revolución.
La macroeconomía se ocupa de fenómenos de la economía general, como ingreso nacional, crecimiento económico, producto bruto interno e inflación. Claramente, las mujeres ya tienen impacto en la macroeconomía. Son una tremenda fuente de mano de obra productiva y reproductiva: cuidan a las familias, cultivan y preparan el alimento, y constituyen un enorme porcentaje de los trabajadores en los sectores de manufactura, servicio y agricultura.
El problema es que las mujeres rara vez están empoderadas para poseer y negociar los beneficios de su propio trabajo. Aunque están presentes en muchas industrias, están notablemente ausentes de los puestos con buenos salarios en el sector privado. En todo el mundo, el trabajo de las mujeres no es recompensado: implica pagas bajas y largas horas. Las trabajadoras agrícolas no son dueñas de la tierra que cultivan. Las obreras fabriles cobran menos y suelen sufrir intimidación, acoso sexual o explotación. Las trabajadoras domésticas no tienen sindicato y enfrentan un alto riesgo de ser víctimas de la trata y otro tipo de explotación, particularmente si son miembros indocumentados de la economía "gris".
Este es el gravemente desequilibrado paisaje macroeconómico existente para las mujeres, y debe ser nivelado. Se debe empoderar a las mujeres como jugadores económicos en todo el espectro: como trabajadoras, gerentas, empresarias e inversoras.
Entonces, ¿esto qué quiere decir? ¿Qué haría falta para integrar a las mujeres a lo largo de todo el espectro económico? Es un verdadero desafío. Debemos replantearnos la manera en que pensamos la economía, y preguntarnos a cada paso: "¿Dónde están las mujeres?".
Debemos incorporarlas en las estrategias de desarrollo nacional, incluyendo los marcos macroeconómicos. Los ministerios deberían tener "presupuestos con perspectiva de género", tanto financiando programas que empoderen a las mujeres como haciendo un seguimiento de los programas y servicios existentes por género. Debemos incluir la igualdad de género en todas las discusiones a nivel nacional e internacional, que tienen que involucrar a legisladores, donantes, intelectuales, líderes de la sociedad civil y mujeres.
Existe el concepto emergente de que la desigualdad y la homogeneidad son malas para los negocios. Las economías con diversidad de género -economías en las que las mujeres están presentes y empoderadas en todas las esferas- se encuentran más sanas y estables. Los directorios con diversidad de género toman mejores decisiones, al reducir el riesgo y aumentar la creatividad y el dinamismo en el liderazgo, por no mencionar en las ganancias; un estudio de 2007 de Catalyst Inc. descubrió que los directorios con más mujeres superaban en desempeño en alrededor de un 66% a aquellos con menos.
Entonces, ¿cómo podemos llegar ahí? Podemos empezar hoy mismo. Cada uno de nosotros puede derribar las barreras hacia el empoderamiento macroeconómico de las mujeres. Podemos apoyar, con nuestras lapiceras o nuestras billeteras, iniciativas tan variadas como: educación para niñas y mujeres, igualdad de derechos a la propiedad de la tierra, mayor acceso a capital de riesgo y, sí, micropréstamos también.
En Women for Women International, la organización internacional que dirijo para ayudar a mujeres sobrevivientes de guerra, estamos haciendo inversiones estratégicas en las mujeres en frentes así de diversos. Brindamos oportunidades microfinancieras, pero también ofrecemos una serie de otras oportunidades económicas: desde colocación de empleos a desarrollo de empresas sociales y liderazgo en negocios.
También trabajamos para asegurar que las mujeres estén integradas en todos los niveles de la cadena de valor; por ejemplo, en el sector agrícola, las capacitamos no solo para ser productoras, sino también para ser procesadoras, vendedoras y gerentas.
El trabajo de Women for Women International para empoderar económicamente a las mujeres no gira solo alrededor de darles fuentes de ingresos sostenibles, sino también de darles acceso al poder político que ganar ese ingreso conlleva. Podemos hablar todo lo que queramos de empoderamiento económico, pero si no está combinado con empoderamiento político, ganar más dinero no siempre se traduce en más derechos para las mujeres. Por lo tanto, no aseguramos de que cada una de las participantes en nuestro programa atraviese una capacitación intensiva de un año de duración en cuestiones relacionadas con los derechos de las mujeres. Es esta combinación de conciencia y acceso a oportunidades económicas lo que conduce a un cambio duradero en la vida de las mujeres.
Permítanme dar un ejemplo de cómo las mujeres están formando un importante mercado laboral. En Sudán, estamos implementando una iniciativa de granja comercial orgánica (IGC, para abreviar) que empleará a 3.000 mujeres durante tres años. Durante un año, cada una de ellas asiste a una capacitación semanal en derechos de las mujeres, en la que se conoce a otras 20 mujeres. También recibe entrenamiento y recursos críticos, como tierra libre (arrendada al gobierno), semillas y agua. Esto es lo que las ayudará a pasar de la agricultura de subsistencia a una que genere ganancias: la combinación de enseñarles sus derechos; mejorar sus capacidades agrícolas a través de técnicas orgánicas más eficientes y sostenibles; darles acceso y control de la tierra; y ayudarlas a conectarse con los mercados comerciales. Ahora una mujer pasó de pobreza a ganancia: es dueña de los medios de producción y puede decidir también abrazar las oportunidades de procesamiento y marketing. Después de solo seis meses, el 80 por ciento de las mujeres en el proyecto lograron un nivel de ingresos que es el doble del promedio para el país. En conjunto, ahora forman un importante mercado de trabajo en el área; en forma individual, se benefician de las mayores ganancias, que les permiten sacar a su familia y a su comunidad de la pobreza. Es bueno para las mujeres. Es bueno para Sudán.
Este es un modelo que podemos replicar en todo el mundo. Ya estamos empezando en Ruanda y Afganistán, y no nos detendremos ahí. Los datos nos dicen que es lo que hay que hacer; programas como el de la iniciativa de granja comercial en Sudán nos dicen que es posible. Lo que estamos presenciando en Sudán es el principio de una transformación macroeconómica. Y en este momento precario de la economía mundial, creo que una transformación es oportuna.
Translations by 101translations.com
Comentarios (3)