Mujeres significan negocios
La clave para la recuperación económica es invertir en las mujeres
Irene Natividad
En todo el discurso sobre resolver la crisis económica, los gobiernos están omitiendo un factor crítico y fundamental: lo central que es invertir en mujeres empresarias y trabajadoras. Un estímulo económico global para las mujeres es esencial tanto para la recuperación económica a corto plazo como para el crecimiento económico a largo plazo. También tiene el potencial de catalizar una transformación global y duradera en el liderazgo y la participación política de las mujeres.
Esta idea no es marginal: es el inicio para atraer apoyo institucional dominante. Lars H. Thunell, CEO de la Corporación Financiera Internacional -el brazo del sector privado del Banco Mundial- dijo hace poco que: "El mejor estímulo para la economía es invertir en las mujeres empresarias". Esa declaración puede parecer hiperbólica para algunos economistas, pero es un reflejo tanto de la creciente ola de mujeres empresarias y trabajadoras en todo el mundo como del hecho probado de que aumentar los ingresos de las mujeres da como resultado una mejor salud y educación para familias y comunidades enteras.
El consenso emergente sobre la importancia de invertir en las mujeres se refleja en el ahora ampliamente aceptado precepto de las Naciones Unidas de que subir el estatus económico de las mujeres es fundamental para el desarrollo sostenible a largo plazo. También hay una creencia creciente en que dicha inversión puede ser crucial para la recuperación económica a corto plazo.
El rápido crecimiento de las mujeres dueñas de negocios implica que tendrán un rol importante en el impulso de la recuperación económica. En las últimas dos décadas, la propiedad de empresas en manos de mujeres creció drásticamente; ahora en cada rincón del mundo son dueñas de toda una gama que va desde pequeñas y medianas hasta empresas diminutas, llamadas "microempresas". Solo en los Estados Unidos, el 40 por ciento de las firmas privadas que no cotizan en bolsa ahora son propiedad de mujeres; y la mayoría de los dueños de pequeñas empresas en ese país son mujeres. Según el Center for Women's Business Research, esas compañías generan $2 billones en ganancias anuales y, el año pasado, empleaban trece millones de personas.
En Europa, las mujeres son dueñas de una de cada tres pequeñas empresas. En Japón, la segunda economía más grande del mundo, es una de cada cuatro; y en China, una de cada cinco. En todos los rincones del mundo, las mujeres ingresaron en el microempresariado en números mayoritarios, lo que catapultó a millones de familias fuera de la pobreza.
Como las pequeñas empresas forman la columna vertebral de todas las economías del mundo, el hecho de que las mujeres sean dueñas de un creciente número de esas firmas indica que los gobiernos y quienes elaboran las políticas necesitan ponerlas en el centro de la escena al lidiar con la crisis económica. En este momento, los paquetes de estímulos patrocinados por los gobiernos alrededor del mundo se centran en proyectos de infraestructura cuya intención es generar empleo. Algunos de esos fondos deberían dirigirse en cambio a apuntalar las pequeñas empresas que dependen de préstamos para sobrevivir y prosperar, particularmente a aquellas que son propiedad de mujeres, porque tienen ciclos de vida más débiles, generalmente debido a que se les da menos acceso al crédito. Si las dueñas de empresas no están en el corazón de algún programa de estímulo económico, la recuperación se verá dificultada.
Además del creciente peso que tienen en el crecimiento económico como empresarias, las mujeres también juegan un papel crucial en la economía global como la fuerza trabajadora emergente del mundo. Actualmente, conforman entre el 30 y el 50 por ciento de la fuerza laboral remunerada en todas partes del mundo, y esos números están creciendo. Más mujeres están entrando a la fuerza laboral a causa de la necesidad de un mayor ingreso familiar, lo que está obligando a muchas a buscar empleo fuera del hogar, y como resultado de una mayor educación y capacitación, que hacen que sean más atractivas para el mercado. En Europa, Japón y Corea del Sur (que tienen una fuerza laboral que envejece rápidamente), capacitar a las mujeres para los trabajos del presente y del futuro es crucial para la supervivencia de las grandes economías. En una reunión de la Asociación Nacional de Directores Corporativos, un CEO defendió contratar y capacitar a mujeres señalando que los altos gerentes de su compañía -nacidos durante la explosión demográfica posterior a la Segunda Guerra y, en su mayoría, hombres- se iban a jubilar al mismo tiempo, lo que pondría en riesgo la viabilidad de la empresa. Su afirmación subrayó la fuerte realidad de que desarrollar el liderazgo empresarial de las mujeres es vital para tener una fuerza laboral competitiva en el siglo XXI.
Un estímulo económico para las mujeres tiene el potencial de transformar no solo nuestro panorama económico, sino también nuestro paisaje político. El mayor peso económico les garantizará una "voz" política más potente. En Ruanda, un país conocido por el genocidio que mató a muchísimos de sus hombres y niños, ahora las mujeres son dueñas del 41 por ciento de las empresas de la nación. Esto fue un resultado directo de que, en ausencia de los hombres, las mujeres se hicieran cargo de las granjas y las pequeñas empresas para sobrevivir. El éxito que tuvieron motivó que un ministro dijera que la economía ruandesa se recuperó apoyándose "en las espaldas de sus mujeres". La influencia de las mujeres en la recuperación económica de Ruanda llevó a una mayor influencia política. Ruanda es hoy el único país en el que las mujeres parlamentarias, con un 55 por ciento, forman la mayoría, y muchos dicen que es una consecuencia directa de su creciente poder económico.
Un paralelo similar puede encontrarse en los Estados Unidos, donde la participación de las mujeres en la fuerza laboral creció drásticamente del 29,6 por ciento en 1950 al 49,1 por ciento en 2008, según la Oficina de Estadísticas Laborales. Se proyecta que las mujeres serán la mayoría de los trabajadores en 2009, debido a los despidos masivos de los hombres en las industrias de la construcción y la manufactura. Este aumento de las estadounidenses que trabajan fuera del hogar coincidió con su surgimiento como la mayoría de los votantes de EEUU. No solo ahora son más en las urnas, sino que además están votando en forma independiente de sus maridos, un hecho político llamado "brecha de género" y manifestado por primera vez en 1980. Un mayor ingreso discrecional también permitió a más mujeres estadounidenses contribuir con candidatos políticos. Esto alimentó el crecimiento de organizaciones que recaudan fondos como EMILY's list, que ha apoyado a las candidatas femeninas del Partido Demócrata con alrededor de $200 millones en su dos décadas de vida, lo que muestra que la emergente fuerza económica de las mujeres puede trasladarse a la política.
En Noruega, el 75,3 por ciento de las mujeres trabajan fuera de la casa y el 36,1 por ciento de los parlamentarios son mujeres, lo que crea una masa crítica de legisladoras que aprobaron numerosas leyes que afectan de manera positiva la vida de las mujeres. Una reciente y muy publicitada disposición exigió a todas las corporaciones cumplir con la meta de tener un 40 por ciento de miembros femeninos en su directorio en un período de dos años. Las compañías noruegas no solo cumplieron esta meta, sino que la superaron. Aunque puede no haber una causalidad directa, estos tres países en tres continentes diferentes muestran que entre las mujeres el poder político crece en tándem con la independencia económica.
Las mujeres están llevando un mayor ingreso para su familia y creando empleo a través de las empresas que dirigen. Mientras los gobiernos y los líderes del sector privado discuten nuevos modelos económicos, no deberían olvidarse de que hay nuevos jugadores -a saber: las mujeres- que ya están transformando las economías locales y nacionales. Las mujeres son cruciales para la recuperación económica, como empresarias y como trabajadoras; por lo tanto, es esencial que estén en el corazón de los paquetes de estímulo elaborados por los gobiernos de todo el mundo.
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