Los gobiernos deben hacerse cargo para que las mujeres no tengan que intervenir
Qué podemos aprender de la crisis alimentaria de Egipto
Masum Momaya, Curator
En el árabe egipcio, la palabra para "pan" es aish, que también significa "vida". Para los egipcios, el pan es más que un simple alimento: es visto como un derecho humano.
Egipto es el segundo importador de trigo del mundo, y muchos egipcios dependen del pan en sus dietas diarias. Cuando el precio del trigo y otros granos se disparó en el mercado mundial durante 2007, desató una crisis alimentaria global. El gobierno egipcio gastó millones para subsidiar el costo de la harina para panaderías públicas, pero los faltantes de suministros causaron que la gente -principalmente, mujeres- hicieran fila durante horas todos los días para conseguir pan para su familia. Las niñas fueron alejadas de la escuela y las mujeres de otras responsabilidades de la casa y el trabajo para asegurar la provisión diaria de pan.
universales en el mundo, que brinda al público un producto básico. Si bien Egipto debe causar admiración por asegurarse de que nadie pase hambre, la situación es complicada: hay denuncias de corrupción generalizada; el gobierno usa el programa para prevenir malestar social y político a gran escala; y, a medida que el precio del trigo sube en el mercado mundial, el programa es costoso de mantener y se hace a expensas de otras necesidades sociales.
Las transformaciones globales y la volatilidad económica están haciendo cada vez más difícil para los gobiernos cubrir las necesidades básicas, incluyendo el alimento. Las políticas que alientan que se realicen cultivos para el comercio y la exportación en lugar del consumo local, las escaladas de precios en los alimentos básicos y el combustible, y los cambios climáticos mundiales, todo esto aumenta esta atmósfera de incertidumbre. Las mujeres -como las proveedoras de cuidado del mundo- son las que tienen que tomar cartas en el asunto y compensar cuando las provisiones básicas caen.
Las mujeres rurales en las economías en desarrollo producen la mitad de los alimentos del mundo y entre el 60 y el 80 por ciento del alimento en sus propios países (1). En la mayoría de las familias del mundo, las mujeres son responsables de cultivar, comprar y preparar la comida. A menudo deben racionar el presupuesto hogareño y la porción de cada día para llegar a fin de mes.
Para alimentar a su familia durante épocas difíciles, las mujeres sustituyen alimentos caros con otros más baratos y menos nutritivos; pasan más tiempo haciendo fila para conseguir raciones; preparan cosas desde cero cuando las opciones precocidas son demasiado caras; toman pequeños trabajos para lograr un ingreso extra; y hacen más con menos comida, menos horas de sueño y poco, si es que tienen, tiempo libre. Es usual que las mujeres pasen hambre cuando no hay suficiente comida para todos. De hecho, incluso antes de que golpeara la reciente crisis alimentaria global, cerca de siete de cada diez personas que sufrían hambre en el mundo eran mujeres y niñas (2).
Además de proveer y preparar la comida, en todo el mundo, las mujeres son generalmente responsables de otras tareas domésticas. Caminan kilómetros en busca de agua y leña cuando no hay suficientes recursos cerca. Cuidan a parientes y amigos enfermos cuando no hay dinero para pagarle al médico o una persona contratada. Cuidan de los hijos de las demás cuando contratar a alguien está fuera de discusión y enseñan a sus propios hijos cuando las maestras están sobrecargadas. Y muchas mujeres hacen todo esto siendo viudas o madres solas, a veces cuidando a grandes familias extensas.
El hecho de que las tareas del hogar y de provisión de cuidado recaigan mayormente sobre las mujeres tiene un enorme impacto en su participación económica, particularmente porque estas responsabilidades se expanden exponencialmente cuando golpea la crisis. Las soluciones se necesitan a nivel de la sociedad, y no a nivel individual. Si bien los subsidios alimentarios ayudan a garantizar que la gente no pase hambre, las familias pobres necesitan otras herramientas para lograr independencia social y económica, incluyendo acceso a la educación, salarios vitales, capacitación laboral y estar libres de violencia.
Un modelo que se suele alabar es la combinación escandinava de capitalismo de estado y economía de mercado mixta, que equilibra la libre empresa con la regulación del gobierno. En países como Dinamarca, Noruega y Suecia, los negocios y el empresariado pueden florecer, pero no a expensas del bienestar de sus ciudadanos.
En estas naciones, los gobiernos cobran impuestos más altos a los ciudadanos y, a cambio, brindan muchos empleos en el sector público, educación libre y cuidado infantil subsidiado, cobertura universal de salud y jubilaciones adecuadas. Estas disposiciones les permiten a las mujeres tener un rol más activo en el empleo fuera del hogar si eligen hacerlo. Si bien el empresariado femenino también florece en economías de mercado tradicionales, el apoyo social, no obstante, permite a más mujeres administrar compañías, crear y dirigir pequeñas empresas y liderar organismos del sector público, así como tener empleos tradicionales de "atención" en hospitales, hogares de ancianos y escuelas.
Algunos críticos sostienen que los países escandinavos tienen poblaciones relativamente pequeñas y homogéneas, y que el modelo no puede replicarse en naciones más diversas. También señalan que, a medida que los costos básicos aumentan, es difícil sostener beneficios para toda la población.
Es importante notar las demandas y expectativas que la gente tiene de su gobierno influye en el tipo de políticas que se implementan, y esto varía notablemente de un país a otro. En los Estados Unidos, por ejemplo, la retórica de la responsabilidad individual prevalece sobre una ideología más colectiva, sin importar qué partido político esté en el poder. En Escandinavia, la gente paga impuestos más altos y espera a cambio un estado de bienestar robusto.
En Egipto y muchas otras naciones en desarrollo, la relación de la ciudadanía con su gobierno se caracteriza mejor como "siempre escéptica y siempre esperanzada"; esperanzada de que sus necesidades sean satisfechas, pero escéptica de que los gobiernas puedan o deseen hacerlo. En tales países, pocas mujeres están empleadas en la fuerza laboral paga, y la mayoría fue incrustada en el estado de bienestar y en los roles de provisión de cuidado durante generaciones.
Sin importar el enfoque, no se cuestiona que la diversidad de perspectivas que las mujeres tienen que ofrecer fortalece los ambientes laborales y la economía como un todo, y que la participación económica de las mujeres aumenta cuando se les permite florecer.
Fundamentalmente, a los gobiernos se les confía el bienestar de su pueblo. Aunque puede ser que no todos sean capaces de brindar los mismos servicios sociales, todos tienen un rol que cumplir para ayudar a la ciudadanía a satisfacer las necesidades básicas y acceder a oportunidades a corto y largo plazo, sea a través de programas y organismos estatales, el sector privado u organizaciones de la sociedad civil.
Donde es un concepto común que todos tienen derecho a ciertas necesidades básicas, así como a trabajar y a ganar un salario vital, los ciudadanos -y los países a su vez- prosperarán. Imaginen lo que puede hacer la gente creativa, económica y socialmente cuando tienen dignidad y una sensación de seguridad.
Para las mujeres, esto significa recibir apoyo en su rol de proveedoras de cuidados en el hogar y también tener la elección de salir de esas obligaciones tradicionales. No deberían tener que salvar las brechas cuando hay carencias.
Tanto mujeres como hombres deben tener oportunidades para contribuir al bienestar de su familia y su país. Se debería proveer apoyo para el cuidado infantil, la salud, la preparación de comida y otras tareas domésticas; debería permitirse a mujeres u hombres permanecer en su casa como proveedores de cuidados si eligen hacerlo, liberarlos del miedo a la pobreza, el hambre y la violencia. A la larga, permitir tanto a hombres como mujeres contribuir a la sociedad de manera capacitada, significativa y equilibrada es uno de los mejores métodos para recuperarse de -y prevenir- las crisis.
REFERENCIAS:
(1, 2) Womenthrive.org, Food Crisis Impact on Women, (mayo de 2008).
Translations by 101translations.com
Comentarios (1)