La actual debacle económica global ha dado lugar a numerosos análisis de lo que la ocasionó, como también una larga lista de sugerencias acerca de cómo remediar la crisis y prevenir que vuelva a ocurrir. En meses recientes, algunos formuladores de políticas, periodistas y activistas por los derechos de las mujeres han empezado a referirse a las mujeres como “la” solución. Citando los hechos de que las mujeres conforman la mitad de la población mundial, son la espina dorsal de la mayoría de las economías por su trabajo pagado y no remunerado y constituyen un creciente porcentaje de propietarias/os de negocios, empresarias/os y consumidoras/es, cada vez más figuras prominentes están afirmando que invertir en las mujeres solucionará la crisis actual y logrará la sostenibilidad económica a largo plazo.
Pocos, incluido el Museo Internacional de las Mujeres (I.M.O.W.), refutarían estos hechos. Por un lado, las mujeres son las economistas cotidianas del mundo. En todo el planeta, ellas equilibran el presupuesto del hogar y, en algunos casos, las hojas de balance de naciones y empresas enteras. A menudo deben arreglárselas para estirar los escasos recursos a fin de poder satisfacer las necesidades de todas las personas bajo su cuidado. Desde hace mucho tiempo, las mujeres han anticipado y afrontado las crisis económicas compensando brechas e insuficiencias, creando empresas grandes y pequeñas; más recientemente han estado participando en la formulación de políticas a nivel local, nacional y global.
Por otra parte, las mujeres, quienes constituyen el 70% de las personas pobres del mundo, carecen de suficientes recursos y están subrepresentadas. Debido a guerras, enfermedades, discriminación y migración por motivos laborales, cada vez más mujeres también han asumido solas la jefatura de sus hogares. En su mayoría, las mujeres del mundo continúan trabajando jornadas largas y exigentes dentro y fuera del hogar; sin embargo, no pueden costear el alza en los precios de los alimentos y el transporte, las crecientes cuotas escolares ni medicamentos costosos—menos aun educación, cuidados de salud y capacitación laboral para sí mismas.
En muchas maneras, la actual crisis financiera representa una ventana de oportunidad para abordar esos retos y promover la pericia y experiencia de las mujeres. El apoyo concreto a su participación económica—en forma de préstamos, escuelas, clínicas de salud, programas para desarrollo de habilidades y protecciones sociales contra la violencia y la explotación—haría mucho para reducir la pobreza y ayudar a las familias. Sin duda alguna, invertir en las mujeres es algo bueno.
A la vez, debemos prestar mucha atención a las limitaciones de un enfoque exclusivo en la inversión. Por ejemplo, ¿es la participación económica lo mismo que el empoderamiento? Si se propicia que las mujeres contribuyan más plenamente a la economía, ¿mejorará esto sus vidas o, por el contrario, les creará nuevas cargas? ¿Podemos realmente elevar la condición de las mujeres sin al mismo tiempo abordar las prácticas y creencias culturales, redefinir los roles de género y transformar los sistemas económicos?
La actual crisis plantea preguntas más importantes y fundamentales que no deben ser ignoradas: ¿Qué tipo de economía queremos y cuál debería ser su propósito? ¿Es el incremento de la participación económica de las mujeres un fin en sí mismo o un medio hacia una meta más grande—por ejemplo, crear un mundo en el que todas las personas, mujeres y hombres por igual, tengan oportunidades adecuadas que les hagan posible satisfacer sus propias necesidades y contribuir al bien mayor?
La crisis económica no es nueva para la mayoría de las mujeres, sino una situación que se ha venido gestando por largo tiempo. Mucho antes de que los bancos y las compañías aseguradoras en los países industrializados pidieran que se les rescatara, las mujeres ya estaban rescatando a los gobiernos debido a los recortes del gasto social. Durante décadas, ellas se han procurado su propia forma de aseguramiento: trabajan más arduamente y por más tiempo, asumen empleos adicionales para tener un mayor ingreso y renuncian al descanso y ocio; como resultado de todo ello, sufren tensión, salud deficiente y enfermedades. Las mujeres han llenado las filas en fábricas y granjas. Al hacerlo han posibilitado que países y corporaciones exporten y comercien; han sostenido el Producto Interno Bruto y el lucro de las empresas—sin ganancias significativas para ellas mismas.
Aunque algunas soluciones, como la introducción de programas de microfinanzas, les han proporcionado una alternativa a la pobreza o al trabajo explotador, lo cierto es que las mujeres poseen y controlan muy pocos de los bienes o la riqueza del mundo. Desigualdades que existen desde hace mucho tiempo y problemas sistémicos también les dificultan realizar cambios a gran escala en sus vidas.
Por ejemplo, tal como señala Alice Amsden, Profesora Barton L. Weller de Economía Política en el Instituto Tecnológico de Massachusetts: “Ante la presencia del desempleo masivo y la sobreabundancia de pequeños empresarios... más educación para las mujeres sencillamente conduce a un mayor desempleo, negocios familiares empobrecidos o fuga de talentos. Lo que las mujeres merecen son más esfuerzos del lado de la demanda, por parte de los gobiernos, para crear industrias y empleos por encima del nivel de subsistencia”.
Dicho de otra manera, invertir en las mujeres no puede tratarse sólo de promover su participación económica; tiene que tomar en cuenta sus propias necesidades y preocupaciones y también generar oportunidades reales y perdurables. El solo hecho de darles a las mujeres pequeñas cantidades de dinero o capacitación no transformará un sistema que fundamentalmente está desequilibrado y carece de igualdad.
Más aun, muy escasas mujeres del mundo están ocupando cargos de adopción de decisiones—como concejalas en las aldeas, representantes estatales electas o ministras nacionales. Sin un lugar en la mesa, es poco lo que las mujeres pueden hacer en sus sociedades para influir en la asignación y distribución de los recursos y asegurar que éstas sean equitativas.
Nuestra meta al crear la exhibición Económica: Las mujeres y la economía global es poner énfasis en las amplias experiencias de las mujeres, así como en su excepcional pericia. Pretendemos resaltar lo que está ocurriendo en diferentes rincones del mundo, por qué y qué puede hacerse para mejorar las cosas. Queremos reconocer que las mujeres son un potente motor del crecimiento económico, pero también ayudar a las personas que visiten la exhibición a sumergirse por debajo de la jerga de la economía para descubrir causas y efectos más profundos y sondear cómo se podría marcar una diferencia positiva en la situación. A través de historias de mujeres planteamos preguntas que no tienen respuestas fáciles y ofrecemos alternativas provenientes de quienes trabajan a nivel local y global, no sólo con el fin de empoderar a las mujeres sino también para transformar la economía.
Las mujeres están recordándonos las raíces muy literales y conceptuales de la economía. La palabra “economía” viene de la raíz griega oikos, que significa hogar. Un vocablo derivado, okonomia, se refiere a la tarea de administrar el hogar en una forma prudente, equitativa y sensible a las necesidades de quienes en él viven. Con sus preguntas y visiones alternativas, las mujeres cuyas voces compartimos en Económica nos están recordando que solucionar la actual crisis tiene que ver no sólo con restaurar los mercados y las arcas nacionales, sino también crear sistemas económicos que sean prudentes, equitativos y sensibles a las necesidades de la gente. Esto significa incluir a las mujeres: contabilizar sus contribuciones y propiciar activamente su participación en imaginar y crear la economía a escala local y global.
Te invitamos a colaborar enviando tus propias historias y reflexiones a esta exhibición. Nos entusiasma participar contigo en volver a imaginar y concebir una economía que funcione para todas las personas.
Referencias:
1. Organización Internacional del Trabajo. (2003). Facts on Women at Work [Datos sobre el empleo de las mujeres]. Ginebra, Suiza; disponible en http://www.ilo.org/public/english/bureau/inf/download/women/pdf/factssheet.pdf. Ver también: OIT: Tendencias mundiales del empleo de las mujeres, marzo de 2009, http://www.ilo.org/empelm/what/pubs/lang--en/contLang--es/docName--WCMS_114111/index.htm (acceso a los sitios: 21 de octubre de 2009).
2. Estos datos provienen de organizaciones que recaban y agregan información a nivel global, incluyendo la Campaña del Milenio de Naciones Unidas, el Banco Mundial, UNICEF, UNESCO y el Fondo de Población de las Naciones Unidas. Información adicional fue tomada de Red de Fondos para Mujeres. (2009). Status of the World’s Women [Situación de las mujeres del mundo]. San Francisco, California; disponible en http://www.womensfundingnetwork.org/resource/fact-sheet/status-of-the-worlds-women (acceso al sitio: 21 de octubre de 2009).
3. Worldwatch Institute. (2008). State of the World: Innovations for a Sustainable Economy [Estado del mundo: Innovaciones para una economía sostenible]. Washington, D.C.: Gary Gardner & Thomas Prugh; disponible en http://www.worldwatch.org/files/pdf/SOW08_chapter_1.pdf (acceso al sitio: 21 de octubre de 2009).
4. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2005). Woman, Gender Equality, Education and Sustainable Growth [Mujeres, igualdad de género, educación y desarrollo sostenible]. Ponencia de Saniye Gulser Canivar-Corat, Directora de la Sección para Mujeres e Igualdad de Género, Oficina de Planificación Estratégica, UNESCO, en la Octava Cumbre Económica Euroasiática celebrada en Estambul, Turquía, del 5 al 7 de julio de 2005; disponible en http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=28477&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html (acceso al sitio: 21 de octubre de 2009).
5. Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas. (2005). Progress Toward the Millennium Development Goals, 1990-2005 [Progreso hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, 1990-2005]. Nueva York, NY: División de Estadística; disponible en http://unstats.un.org/unsd/mi/goals_2005/goal_3.pdf (acceso al sitio: 21 de octubre de 2009).
6. Family Care International. (2007). Women Deliver: As Mothers, Individuals, Family Members and as Citizens [Las mujeres cumplen: Como madres, individuas, familiares y ciudadanas]. Nueva York, NY: Women Deliver; disponible en http://www.womendeliver.org/overview/WD_The_Facts.pdf (acceso al sitio: 21 de octubre de 2009).
7. Organización Internacional del Trabajo. (2003). Facts on Women at Work [Datos sobre el empleo de las mujeres]. Ginebra, Suiza; disponible en http://www.ilo.org/public/english/bureau/inf/download/women/pdf/factssheet.pdf. Ver también: OIT: Tendencias mundiales del empleo de las mujeres, marzo de 2009, http://www.ilo.org/empelm/what/pubs/lang--en/contLang--es/docName--WCMS_114111/index.htm (acceso a los sitios: 21 de octubre de 2009).
8. Grupo del Banco Mundial. (2007). WDI Online: Indicadores del desarrollo mundial. Washington, D.C.; disponible en http://ddp-ext.worldbank.org/ext/DDPQQ/member.do?method=getMembers&userid=1&queryId=6. Ver también: Grupo del Banco Mundial. (2007). Informe sobre seguimiento mundial 2007. Washington, D.C., disponible en http://go.worldbank.org/B3HGHUSGJ0 (acceso a los sitios: 21 de octubre de 2009); Naciones Unidas. (2008). Objetivos de Desarrollo del Milenio Informe 2008, Objetivo 3 Promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, disponible en http://www.un.org/spanish/millenniumgoals/pdf/goal3_2008.pdf.
Traducción al español por Laura E. Asturias (Guatemala)
Comentarios (4)