01/12/2010 8:00:41
USA could learn a few things from their policies.
Argentina: El fantasma de crisis pasadas
Argentina no es ajena a las crisis económicas. En 2001, la economía argentina tocó fondo después de una década de políticas agresivas de libre mercado, una estricta política cambiaria que ató el peso al dólar y expectativas no cumplidas de futuro crecimiento económico. Alrededor del 25 por ciento de la población de repente se quedó sin trabajo. Los ahorros desaparecían a medida que el valor de la moneda argentina se desplomaba, y la ex clase media recurrió a mendigar comida por la calle. Durante la agonía de la crisis, casi el 60 por ciento de los argentinos vivía en la línea de pobreza o debajo de ella.
Menos de diez años pasaron desde entonces, y los argentinos se encuentran en medio de otra crisis. El impacto de la reciente debacle económica mundial puede sentirse moderado en comparación con la impresionante devastación económica de hace unos años, pero si bien la arremetida de esta crisis ni se acerca a lo que fue la de 2001, las mujeres argentinas ahora enfrentan nuevas dificultades.
La brecha de la riqueza
Argentina es una tierra de desigualdad. El diez por ciento más rico gana más del 40 por ciento del ingreso nacional total, mientras que el diez por ciento más pobre gana apenas el 1 por ciento. Esta desigualdad afecta a todos, pero las mujeres sufren disparidades adicionales en salarios, acceso al trabajo y la probabilidad de ser pobres.
En promedio, en este país, las mujeres ganan cerca de un 30 por ciento menos que los hombres por hacer el mismo trabajo; algunos estudios sostienen que la brecha salarial por género alcanza el 46 por ciento. Muchas mujeres trabajan en el servicio doméstico, que paga menos que los trabajos típicamente realizados por hombres, o en el sector informal, en el que los empleados suelen ganar mucho menos que los trabajadores en blanco y además carecen de beneficios, seguridad laboral y otras protecciones.
A pesar de estas disparidades, las mujeres argentinas están avanzando en la educación, el acceso a las finanzas y la propiedad; todos estos indicadores de una creciente igualdad de género. Hay más mujeres que hombres en la escuela y más mujeres de entre 25-49 años completaron una educación universitaria. El gobierno argentino introdujo además nuevos servicios sociales para apoyar a las mujeres, incluyendo guarderías públicas para los hijos de madres trabajadoras.
El trabajo en servicios y más allá de él
Argentina tiene la mayor tasa de mujeres que trabajan en el sector de servicios de toda América Latina. De hecho, este sector -que incluye trabajos en segmentos que van desde el servicio doméstico hasta la salud y la educación- constituye un enorme 88 por ciento del empleo femenino del país.
Las empleadas domésticas en particular enfrentan una gama de desigualdades potenciales, muchas de las cuales empeoraron con la actual crisis económica. El empleo doméstico es vulnerable a horarios impredecibles y despidos, y a menos que los trabajadores sean contratados por una compañía externa, suelen no recibir atención de salud, jubilación y otros beneficios.
Mujeres de negocios
Hay un creciente número de argentinas que trabajan en altos puestos corporativos y manejan presupuestos de millones. Sin embargo, menos del tres por ciento de las mujeres son dueñas de pequeños negocios, y solo el uno por ciento posee empresas con seis o más empleados. Argentina es además un ambiente particularmente difícil para las empresarias. En un estudio que analizó la facilidad que tienen las mujeres para lanzar sus empresas, Argentina se ubicó en un insignificante puesto 109 (comparado con el 66 de Colombia).
No obstante, las argentinas están creando sus propias empresas en índices que superan los de algunos países en Europa y Asia. En su mayoría, las mujeres deben depender de fondos personales -de sus propios ahorros o provenientes de la ayuda de amigos y familiares-, ya que los hombres todavía tienen más acceso a capital de inversión y respaldo financiero.
Tribulaciones de la clase media
Incluso antes de la crisis económica de 2001 y la actual debacle mundial, la clase media argentina venía luchando durante décadas con desafíos económicos que iban desde hiperinflación y deudas paralizantes hasta reducción del gasto estatal. Durante la crisis de 2001, la clase media pasó a tener la etiqueta de "los nuevos pobres". Las iniciativas gubernamentales ayudaron a que el país repuntara desde la crisis de 2001 con un sólido índice de crecimiento nacional y asombrosas reducciones en la pobreza, particularmente para mujeres y niñas. Por ejemplo, en el caso de niñas de 17 años o menores, la pobreza cayó de un 60 por ciento a un 20 por ciento aproximadamente.
Además, las inversiones del gobierno en infraestructura y programas sociales beneficiaron a la clase media, que se vio liberada de un poco de carga, y puso el país en una mejor posición para capear la crisis actual.
A pesar de estos esfuerzos, la actual crisis condujo otra vez a un significativo aumento en el desempleo para la clase media. Tres de cada cuatro argentinos que buscaron trabajo en los últimos dos años no lo encontraron. La desocupación es un desafío particular para las mujeres, especialmente para las jóvenes, que tienen más del doble de probabilidades de quedar desempleadas.
Sindicatos
Argentina tiene una larga historia de sindicatos fuertes que se remonta al siglo XIX. Los sindicatos y sus líderes negocian con los empleadores para asegurar salarios más altos y mayores derechos para los trabajadores, incluyendo protecciones relacionadas con la contratación, el despido y la seguridad. Casi el 30 por ciento de la fuerza laboral nacional está sindicalizada (comparado con el 12 por ciento de EEUU), y algunas profesiones, como la docencia, tienen cerca de un 55 por ciento de afiliación a sindicatos.
Las leyes argentinas incluyen cupos de participación femenina en los sindicatos, lo que les permitió a las mujeres asumir un papel mayor en la toma de decisiones. Los sindicatos conducidos por mujeres existentes desde mediados del siglo XX y ganaron fuerza en la década de 1980, durante la transición argentina hacia la democracia después de siete años de dictadura militar. Los sindicatos liderados por mujeres lucharon por los derechos de las mujeres y la igualdad a lo largo de toda la sociedad, desde el trabajo hasta el hogar. Algunos abogan por salarios y beneficios jubilatorios para las amas de casa, otros luchan contra la discriminación de género en el trabajo y dentro de los sindicatos mismos. Existen diez sindicatos para las empleadas domésticas. Estudios recientes indican que los sindicatos liderados por mujeres ganaron poder en algunas industrias tradicionalmente dominadas por los varones, mientras que algunas en sectores no tradicionales, como la industria sexual, se organizaron en sindicatos para lograr más derechos para las trabajadoras.
Mirar hacia delante
En Argentina, hay más mujeres que nunca antes en posiciones de poder. Además de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, hay dos mujeres en la Corte Suprema de Justicia y un número de mujeres a cargo de ministerios históricamente conducidos por hombres, como el de Defensa.
Recientemente, el Banco Central de la República Argentina implementó políticas y programas económicos destinados específicamente a las mujeres. Hay políticas que apuntan a crear una distribución justa de los salarios, reducir la pobreza, aumentar el acceso a la educación y a la salud y promover leyes y programas para prevenir la violencia contra las mujeres y asistir a las víctimas de la violencia por motivo de género. Sin embargo, gran parte de este progreso se hizo a nivel nacional y en las grandes ciudades, mientras que en el interior las mujeres aún enfrentan desigualdad, violencia y falta de acceso a los servicios.
Argentina logró un 98 por ciento de alfabetización, y hay numerosas iniciativas para apoyar la educación de las mujeres. Por ejemplo, gracias a un aumento en becas escolares específicas para mujeres, el 37 por ciento de los estudiantes de las 2.000 escuelas vocacionales del país son mujeres. Desde que golpeó la crisis, también hubo un aumento en el número de mujeres que buscan trabajo en profesiones tradicionalmente masculinas, como la ingeniería, la industria automotriz y los servicios eléctricos. Como parte de un programa para combatir la pobreza, la presidenta Kirchner firmó hace poco una ley que otorga una asignación universal por hijo. Es un beneficio estatal que se paga a quienes tengan hijos menores de 18 años con la condición de que estos vayan a la escuela y reciban atención médica.
En última instancia, las mujeres argentinas enfrentan la abrumadora tarea de superar una gran disparidad en la riqueza junto con otras barreras sistémicas para la independencia financiera y la igualdad de género. Pero a pesar de la lucha continua y cierto pesimismo durante este período de recuperación de la crisis económica, en Argentina viene teniendo lugar un progreso definitivo hacia la igualdad de género y el empoderamiento general de las mujeres.
Publicado por el International Museum of Women el 15 de noviembre de 2010 como parte de Enfocándose en América Latina. Un agradecimiento especial para la asistente de investigación Catherine M. Bartch.
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